
El otro día llegó a consulta Cristina, una mujer de 34 años. Nos conectamos a la sesión y le pregunto cómo está. Me responde con rapidez:
—Hola, Varinnia. Vengo porque no puedo entender… ¿Por qué llevo cinco años afectada por una relación que nunca fue… nada? De hecho, durante este tiempo, él tuvo una relación de dos años y yo sigo aquí, enganchada, viendo sus historias, invitándolo a tomar café, buscando conexión… No sé. Cuando me lo encontraba, casi no podía hablarle de lo nerviosa que me ponía. Llevo años, años… Me siento tan estúpida.
—Okay, hagamos una pausa ahí. ¿Alguna vez tuvieron algún tipo de conexión? Me refiero a algo íntimo o a conversaciones que fueran más allá de una simple amistad, ¿dirías que sí?
—Sí, duró aproximadamente cuatro meses, pero fue intermitente. Nunca llegó a más.
Inmediatamente vino a mi mente una conversación que tuve días antes con una amiga. Hablábamos de lo difícil que es navegar el mundo de los vínculos amorosos hoy en día y de lo frágiles que se han vuelto las relaciones humanas. Lo llamamos “capitalismo emocional”, un fenómeno en el que el amor se ha convertido casi en un bien de consumo, reforzado por las redes sociales y las aplicaciones de citas.
Pero, ¿qué son los “casi algo”? Son esas conexiones intensas pero inacabadas, relaciones que no llegan a consolidarse en un vínculo formal, pero que, aun así, dejan huella. ¿Por qué duelen tanto si, en teoría, nunca fueron algo? Esa fue la pregunta que comenzamos a descifrar con Cristina.
Bauman, un sociólogo con una visión profunda sobre las relaciones contemporáneas, sostiene que hoy en día el amor se ha vuelto volátil y poco comprometido. En esta dinámica, un match puede desaparecer sin explicación, un mensaje sin respuesta puede significar el fin, y la validación externa se convierte en un anhelo constante. En este contexto, diría Bauman, el “casi algo” se siente real porque nuestra mente no siempre distingue entre la realidad y la ficción; solo recibe estímulos. Si hay contacto emocional, podemos amplificarlo hasta convertirlo en algo significativo, involucrando nuestras emociones y sensaciones.
Cristina, te podría decir que he escuchado a muchas personas—hombres y mujeres—angustiarse y pasar años buscando respuestas: ¿No fui suficiente para él/ella? ¿No estaba preparado/a para una relación seria? ¿Me mostré demasiado ansioso/a y aceleré las cosas? ¿Eligió a otra persona y formalizó… pero por qué no conmigo si fui perfecto/a? Todas estas preguntas apuntan a lo mismo: la incertidumbre. Y mientras no haya respuestas claras, siempre queda una pequeña esperanza, ¿verdad, Cristina? ¿Será este tu caso? No lo sabemos aún, pero vamos ordenando las ideas poco a poco…
Un hecho es que creaste un espacio durante cinco años para alguien que nunca lo ocupó. Sin embargo, ese espacio sí existe en ti, y no podemos ser indiferentes a ello. Sin duda, los “casi algo” nos dejan atrapados entre la nostalgia, la incertidumbre y la comparación. Si en nuestra infancia experimentamos vínculos en los que estas sensaciones estuvieron muy presentes, es probable que volvamos a caer en ese agujero de ansiedad y sobrepensamiento, como Alicia en el país de las maravillas.
Querida Cristina, te propongo explorar ese espacio vacío. Te aseguro que surgirán más preguntas que respuestas y que las emociones se removerán—porque a eso venimos, ¿no?—pero también puedo asegurarte algo: si comenzamos a llenar ese espacio con las emociones que necesitan desbloquearse, puede que te sientas incómoda en algunos momentos, pero al final lo agradecerás cuando logres ver la situación con nuevos ojos, como Alicia.

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